Colosio El Asesinato y el Cine Político Mexicano


A mi querido maestro Alfredo Joskowicz.
Q.e.p.d.



Consabido magnicidio de la no tan lejana historia mexicana en época electoral del año 1994, con Colosio El Asesinato (2012) Carlos Bolado regresa a Bajo California: el límite del tiempo  candente de Lomas Taurinas para arrancar su relato desmenuzador y decididamente teoría final del asesinato de Luis Donaldo Colosio, otrora cándido candidato por dedazo a la Presidencia de la República Mexicana por el PRI en 1994, iniciando la película con textos modernosos y efectitos tembeleques para dar la sensación reporteril objetiva de un thriller que se entretiene poco en la vida íntima del protagonista Andrés, a quien iremos descubriendo como un agente de inteligencia en retiro, y su segunda esposa Verónica (Kate del Castillo) debatiéndose en quedar embarazada y ser la locutora de radio/voz off coral del relato resumiendo “aquello que se percibe y que piensa la gente sobre el asesinato”. Pero el guión de Bolado/Hugo Rodríguez prefiere no salirse de las trancas formales regresándose tantitito antes del notición que cimbró por segunda vez a México en 1994 (siendo el primero la irrupción del EZLN a la luz pública) para presentar a esta pareja de clase media defeña estable e identificarnos con ambos tórtolos juguetones con el hijo de Andrés. Las noticias en la tele en voz de Javier Solórzano dan cuenta del asesinato y Andrés se dedica a grabarlo en el modernísimo (para la época, claro) grabador VHS para poder ver cuadro por cuadro el increíble homicidio.

Aunque haya una serie de personajes ficticios perfectamente nombrados, a la mañana siguiente el conspicuo y maquiavélico Doctor (Daniel Giménez Cacho) desayuna con El Licenciado (Odiseo Bichir) cuya plática nos hace entender que trabajan en lo más alto del gobierno mexicano y que cuadrándose al mandato presidencial se debe iniciar una investigación paralela a la oficial, para que El Licenciado disponga de todos sus recursos (incluida maletota de dinero otrogada a Andrés como adelanto) para descubrir quién o quiénes están tras el magnicidio y conocer la verdad, no sin antes sentir que el encargo tiene algo contra de él, pero el Presidente pelón, orejón y sobre todo innombrable ha hablado y hay que acatar la orden. Así, El Licenciado innombrable contacta de inmediato a Andrés y le requiere que haga todo lo posible por investigar a profundidad el caso, por lo que arma un escuadrón de agentes de su confianza y saca información de contactos en otras dependencias hasta para ser rémora de la investigación del Fiscal Torres (José Sefami).
Al arrancar, Bolado/Rodríguez siguen en paralelo a El Seco (Marco Pérez), quien elimina a los primeros tiradores al día siguiente del atentado y poco a poco devasta  la investigación de Andrés y su dreamteam de inteligencia intra gubernamental, quienes apoyados por el fiscal de la PGR en Tijuana Benítez (Dagoberto Gama) empiezan a descubrir las divergencias de la versión oficial: la cantidad de Marios Aburtos en Lomas Taurinas, ejecuciones sin rastro de casquillo 9 mm que trazan una ruta y señalan participantes, así como descubrir motivos mezclados de probables autores intelectuales, incluyendo al narcotráfico que, de acuerdo a esta versión, en sus distintos carteles intentaron en vano reunirse con el Cándido Candedote Colosio para llegar a acuerdos.
Evidentemente, la vida personal de Andrés está afectada: usan líneas telefónicas seguras para sus conversaciones, levantan sospechosos para sacarles a tirabuzón testimonios y él apenas tiene tiempo para platicar con Verónica y siquiera discutir con ella el caso que investiga pero sí lo que merma su vida como pareja, más bien acatar órdenes del doctor particular para que puedan concebir el hijo que ella tanto ansía como concreción de su matrimonio. Entretanto, el misterioso Doctor Innombrable sigue moviendo sus piezas y supervisa de cerca la investigación oficial del Fiscal Torres acotándolo, presionándolo con amenazas de sacar sus trapitos sucios a la luz. El Doctor Innombrable es una presencia constante que asienta la idea de que el Colosio fue un candidato elegido por cómodo y manipulable por el grupo encabezado por el Presidente y su hermano con planes posteriores a su gobierno, aunque termina saliéndose del huacal del poder titiritero.
Al evadir citar puntualmente la enredada y engorrosa versión oficial del Candidaticidio como decisión narrativa, Bolado/Rodríguez se dan a la libre tarea de amalgamar los elementos más claros que el sospechosismo apuntaba: No había un sólo Mario Aburto,  el Aburto arrestado no fue el que cometió el atentado, no actuó sólo, muchos intereses dentro del Partido dieron pie a ese atentado. Sin embargo, asientan que solamente desde la discreción y operatividad interna se puede conocer la verdad, tanto como para que el Doctor Innombrable haya ordenado esta heterodoxa investigación y conocer qué tanto se podría saber de la muerte deseada de Colosio.

Con una realización sobria, sin aspavientos estilísticos que distraigan ni vueltas de tuerca fuera de lugar, constantemente comparado con el hábil thriller aunque desde la perspectiva lacrimógena-demócrata-patriotero de JFK (Oliver Stone, ’95), Carlos Bolado crea un thriller cuyo suspenso va dirigido a develar los tejes y manejes de la oscuridad que el Poder tiene en sus fueros internos, como menciona Don Fernando (Emilio Echevarría), “el Poder te enseña a manejarte en la Oscuridad”, revelando en la cena que el chileno mediático presenció donde el candidato Luis Donaldo Colosio (Enoc Leaño) aprovechó para deslindarse de los planes del Presidente, su hermano y compañía pretendían con él, aduciéndose un poder presidencial que marcó su destino. La propuesta ortodoxa aunque no tan convencida o asumida de plantear el universo personal en el que se desenvuelve Andrés con Verónica no terminan cuajando en toda la estrucutura, hábilmente recrean el conjunto de teorías en el momento de reconstruir el asesinato cuando dan sus conclusiones al Licenciado (uno de los momentos más geniales y logrados de esta obra). Todo el resto de elementos se amalgaman para confluir en este instante y sentar en la conciencia del espectador la idea del crimen de Estado.

Lo más evidente es la decisión de evitar nombrar a todos los políticos involucrados en el caso, desde el “Innombrable Presidente” (Carlos Salinas de Gortari, actualmente en activo desde la sombra política) hasta  El Doctor (José María Córdoba), como El Licenciado (Francisco Ruiz Massieu), Don Fernando (Fernando Barrios, secretario de Gobernación), Pedro Aspe, Manuel Camacho Solís y el encabronado hermano de Carlos, Raúl Salinas de Gortari. Aunque para propósitos de crítica hacia la maquinaria del estado funcione como patrón de los esquemas perversos que cualquier estructura de gobierno puede adoptar para sus intereses particulares, mezquinos en su mayoría, aduciendo la universalidad de la ficción, por el otro lado no deja de llamar la atención la evasiva temerosa de nombrarlos tal cual son: Deja como tarea al espectador investigar quiénes son ese grupo de personajes. ¿Una licencia de Carlos Bolado? Sobretodo porque se adscribe a la autenticidad de la historia por anunciar que está basada en hechos reales.

Se agradece la sobria musicalización y supervisión musical, aunque no del todo el recurso de usar sonidos de transición breves entre cortes que ni vienen al caso. Promediando, es una producción lograda en términos generales con actuaciones sobrias a pesar de algunos diálogos forzados, que privilegia la sustitución misma de la acción por cabecitas parlantes, como decisión narrativa para hacer digerible al espectador los enredos políticos y sus consecuencias. Cabe destacar que es un proyecto que venía gestándose desde 1998 y que hasta este 2012 electoral tuvo luz verde bajo sospechosas circunstancias que Jaime Avilés señaló como deporte en varias ocasiones dentro de su columna en La Jornada, ya que ni siquiera concursó para buscar los apoyos del IMCINE como el resto de las producciones mexicanas que luchan por obtener recursos con las exigencias y engorrosa tramitología que se les pide a las producciones (Carpetas de producción, compromisos previos de apoyos de otras instancias) para obtener los apoyos estatales. Más bien, se evidenció el oportunismo de la administración panista, abiertamente antipríista (posición que no se deja de agradecer) para influenciar en la decisión electoral que estaba en proceso por otro medio que no fuera la tan evidente compra de los votos que el mismo PRI y el PAN (en menor medida pero documentada) intentaron. Así fue que hasta la misma Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas junto con la comunidad de cineastas mexicanos protestara por ese apoyo tan directo en un desplegado que de alguna forma se contestó con evasivas y después con un amplio estreno de una producción que al menos hizo los honores al género y a aportar algo en el vacío de la historia política mexicana reciente (Con el mismo reclamo se alcanzó a darle un “laminazo” al biopic de Morelos que surgió por encargo de Felipe Calderón). 

Afortunadamente tuvo una buena recepción entre el público que se vio reflejada como éxito de taquilla dentro de la cartelera en México. Probablemnte Carlos Bolado y todo su equipo sí influyeron para aderezar la percepción que se tiene del Partido Revolucionario Institucional ante la cercanía de las elecciones ahora ya cantadas a su favor. Queda ver el destino posterior de la película y las evasivas elegantes que el candidato del Mass Media tenga respecto a esta obra.  



ADDENDUM
Brevísimo abrevadero del Cine Político Mexicano.

Como en toda cinematografía sana que se precie de serlo por más que se encuentre en la lona de la exhibición y otras linduras, el Cine Mexicano siempre ha coqueteado con las tentadoras temáticas políticas, las historias de corrupción, motivos oscuros tan adecuados al cine negro proclives para el morbo o la sencilla denuncia para revelar el abuso del poder político. Y con la confianza del impacto que este tipo de historias tiene, muchas de esas producciones se precian de ser honorables películas cumplidoras o churros que sufren de una doble censura: la de Gobernación y la de la crítica que las destroza por pinches y disparejas. Si recordamos La sombra del caudillo (Bracho, ’60) donde la novela de Martín Luis Guzmán puntualmente señalaba los tejes-manejes del ficcionado caudillo Álvaro Obregón por imponer un candidato a modo (Elías Calles) para permanecer en la sombra que la no reelección permitía, la misma película cumple la transcripción anecdótica sin ser una de las obras mejor logradas en la carrera de Julio Bracho pero sí de las más importantes, y como se sabe eso bastó para que fuera elegantemente enlatada durante 30 años por incomodar a líderes militares que no deseaban “inquietar al público” de la época con sucesos de hacía más de otros 30 años atrás (alrededor de 1927, refiriéndose al asesinato del General Francisco Serrano).
También Alejandro Galindo, el maestrazo del cine urbano mexicano y cabal representante de la obtusa tiranía sindical durante su permanencia en el STPC, se dio la oportunidad de darle un repasón al sindicalismo obrero Ante el cadáver de un líder en una comedia donde desfilaban trabajadores sindicalizados tristes con pancartas, su viuda e hija y… ¡la otra viuda con hijos! Pero este cine echeverrista era lo único que se permitía retratar evadiendo los sucesos tan frescos del ’68 y ’71 que arrastraba en la conciencia colectiva con un cine de denuncia tremebunda y göre de nota roja tipo ¡Alarma! aderezado con salsa catsup (Las poquianchis, Canoa). Producciones independientes surgieron, como El cambio (Alfredo Joskowicz, 1972), la trilogía del Cha-Cha-Chá (entre ellos Chapopote, 1979) de un colectivo en el que se encontraba el documentalista Carlos Mendoza o la industrial Bajo la metralla (Cazals, 1983) que en número han representado pocas producciones respecto a los documentales más reveladores y de confrontación que han existido a la fecha (entre ellas Crónica de un fraude, 1988, de Carlos Mendoza y Canal 6 de julio).
La veta política estaba en el joven Alfredo Joskowicz durante su participación en El grito (Leobardo López Aretche, 1968) pasando por El cambio hasta la más sobria Playa Azul (1992) sobre la decadencia de un político en el retiro.


La sombra del caudillo salió a la luz en una terrible copia de 16 mm durante el Salinato que lo aprobó para desenlatarla, pero se sintió atacado con el Rojo Amanecer (Jorge Fons, 1990, con producción del emblemático Valentín Trujillo) desde el guión de Guadalupe Ortega y Xavier Robles sobre la matanza en Tlatelolco durante el ’68 y que logró exhibirse por el apoyo de los cineastas, o la confrontación directa post fraude electoral con guión de Víctor Ugalde, Juan Miguel de Mora y Fernando Pérez Gavilán, ¿Nos traicionará el Presidente? (Pérez Gavilán, 1991) de producción privada que no corrió la misma suerte y fue de inmediato enlatada por referirse a Salinas de Gortari en función presidencial durante el saboteado y brevísimo estreno en la extinta cadena de cines estatales COTSA


Intentos han habido y ahora Colosio el asesinato viene a integrarse a esas escasas producciones de ficción que critican al sistema con mejor fortuna que el resto. No conformes, está por estrenarse quién sabe cómo una producción de Federico Arreola que critica abiertamente al PRI y al innombrable Salinas de Gortari con el título a go gó Crímenes y TV (Ópera prima de Xavier Robles, con guión propio), aduciendo la evidente asociación mediática de Televisa en la política nacional que trata de imponer a Peña Nieto. Recientemente salió un avance de veinte minutos de la película en YouTube y se adivina lenta y torpe en la realización de Xavier Robles, cuyo valor radica más en su carga dialogadísima de denuncia directa que en el logro valiente como producción cinematográfica.


Ahora que el PRI está por tomar el poder presidencial tras las elecciones del 2012, con todo el saludable movimiento #YoSoy132 acotándolo, el cine político mexicano esperará a otras y otros valientes y atrevidos intentos por seguir aportando a este género necesarísimo en nuestra cinematografía como otras sí lo llegan a tener. La saludable producción de documentales parece ser el único espacio en el que se desarrollará abiertamente, con las excepciones de la trilogía de Luis Estrada (La Ley de Herodes, Un mundo maravilloso, El infierno) que se estrenaron durante los sexenios panistas y los documentales Fraude México 2006 (Luis Mandoki, 2006), 0.56% (Lorenzo Hagerman, 2010) y El ingeniero (Alejandro Lubezki, 2012), aunque el debut del crítico de cine Rafael Aviña como guionista quiso evitar Borrar de la memoria (Alfredo Gurrola, 2010, estrenado de forma paupérrima hasta el 2012) los acontecimientos del movimiento estudiantil del ’68 con su ficcionada historia que se extendía a la actualidad con la brillante actuación de Adaberto Parra.


En lo que Carlos Bolado, como principal responsable de Colosio el asesinato, espera poder exiliarse del país ante el triunfo del PRI en las elecciones del año presente, queda el público en espera por tener otras producciones que se integren a este género particular que es el cine político mexicano.

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