Sección Copiar/Pegar presenta: Películas imposibles.


Sección Copiar/Pegar presenta: Películas imposibles.

En la historia del cine, existen cualquier cantidad de proyectos que no se lograron por diversas circunstancias: son muy caros, muy difíciles de hacer, no existe la tecnología o simplemente no hay apoyo para realizarlas. Entre ellos, hay adaptaciones a libros que han tenido un camino muy largo para encontrar su semejante en una versión cinematográfica. De seguro, García Márquez ha enfrentado a varios que han querido adaptar “Cien años de soledad” al cine y él se niega por completo a que sea una o varias películas; nadie se ha detenido a filmar los guiones imposibles de Jorge Luis Borges, quien estaba convencido que serían grandes películas; con dificultad alguien se habría imaginado adaptar al cine “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust, si no toda la obra, al menos Raúl Ruiz adaptó “El tiempo recuperado”. Pero, ¿a quién demonios se le ocurre hacer una adaptación de “El capital”, de Karl Marx? ¿Es eso posible?
Pues lo fue para un par de genios de la época del cine mudo en la naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, quienes al menos pudieron imaginar cómo podrían hacer un proyecto cinematográfico de ese tamaño.

VERSIÓN PARA EL CINE DE LA “PLUSVALÍA”

UN PLAN DE SERGEI EISENSTEIN Y DEL HERMANO DE DZIGA VÉRTOV
por Alexander Kluge

El hermano de Dziga Vértov, genial director de fotografía que portaba el apellido de su familia, es decir, se llamaba Kaufmann, diseñó en un café moscovita un somero bosquejo para el rodaje de una versión cinematográfica de El capital, de Karl Marx. Los personajes del drama, anotó, son las clases. Hasta aquí el bosquejo se ajustaba a lo dispuesto por el partido. Pero Kaufmann tenía la intención de “documentar”, es decir, mostrar amorosamente a las clases, a todas, incluso a las que habían precedido al capitalismo, la lucha milenaria de esas formaciones “superfluas”, no caracterizadas como clases.
Veinte años más tarde, la ocupación alemana lo habría matado por su origen. Ahora, en el verano de 1921, a sólo doce kilómetros de la ciudad en la que vivía rodeado de piedra, florecían plantas y hierbas con la exhuberancia característica de Rusia. Que una persona montada en el Behemoth pudiera recorrer infinitamente toda la extensión del continente no era algo que vivificara el alma. El alma necesita espacios estrechos, senderos rápidos hacia el otro, para poder acostarse o apartarse. A los nerviosos hombres de ciudad, el vasto horizonte de las afueras de Moscú no los estimulaba.


Mikhail Kaufmann


1.
Para la proyección, Kaufmann exigió una orquesta de cuatro instrumentos: un acordeón, una trompeta y dos pianos. En las capitales departamentales se agregó un violín. Música de acompañamiento como en los melodramas que dominaron la pantalla hasta 1917.
Al principio, secuencias de “metamorfosis”: se accionan el cerebro, el músculo, el nervio, la mano o el pie. Surgen: la ropa, las tejedurías, los calefactores eléctricos, el trigo, los productos de carnicería, el dinero. Para cada una de estas producciones se muestra el camino de regreso al punto de partida. Por ejemplo, el monumento a la vaca descuartizada veinte minutos atrás. Ahora, en el matadero, volvemos a meter las vísceras en el animal. Los pedazos separados de la vaca se ajustan unos a otros. La piel se extiende por encima. En la marcha hacia atrás la vaca (¿sola o con el rebaño?) abandona el matadero. Va por las carreteras en dirección a su pueblo, a la  pradera. Vaca feliz.
Esta animación con movimiento invertido, anota Kaufmann, es mucho más compleja en el caso de una pieza de oro o de un tálero que proviene de un botín de un asesinato.
Siguen “metamorfosis transversales”: el valor de una mercancía se transforma en otro. Trigo en zapatos, zapatos en oro, oro en cenas o servicios.
De este modo Kaufmann quería transformar en cine la primera línea del libro primero, sección primera, capítulo primero de El capital, y si se podía, con muchas variantes del mismo “argumento”. El texto dice: “La riqueza en las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un ‘enorme cúmulo de mercancías’, y la mercancía individual como la forma elemental de la riqueza”. [Karl Marx, El Capital, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002, tomo I, volumen I, p. 43, traducción de Pedro Scaron. N. del T.]
2.
Siete años después del bosquejo de Kaufmann, Sergei Eisenstein (ya ha hecho pública su película Octubre) planea la filmación de El capital. Paralelamente a ese objetivo avanza su plan de realizar una versión cinematográfica de la novela Ulises de James Joyce.
-Señor Eisenstein, ¿cómo se imagina esa versión cinematográfica? Para cuatro páginas del Ulises necesita el formato de un largometraje, por ejemplo, para el capítulo de las sirenas. La anécdota podría filmarse en siete minutos, pero la “riqueza sensible del texto” requiere escenas infinitas. Lo mismo que el “mundo de imágenes de la plusvalía”, que abarca toda la vida moderna.
–Ya estoy haciendo el bosquejo y el plan de rodaje.
Sergei Eisenstein
En realidad Eisenstein había juntado un conglomerado de términos provocativos sacados de El capital. Los colaboradores habían explorado locaciones de rodaje. De atrás para adelante, Eisenstein quería avanzar desde la electrificación a los conceptos de “enorme cúmulo de mercancías”, “riqueza social”, “alienación”, “fetichismo de la mercancía”, “circulación”, “dinero mundial”, “tasa de plusvalía”, “jornada de trabajo”, “cooperación”, “división del trabajo”, “gran industria”, “acumulación originaria” hasta llegar a la “teoría moderna de la colonización”. 
En el plano de la dramaturgia, así lo señala Eisenstein, le faltaba un “cierre”. No bastaba concluir con la toma del poder por parte del gobierno revolucionario. Una visión del futuro le parecía inadmisible, porque debía producirse en la realidad, no en el cine. El gran director sintió “hambre de una dramaturgia de los personajes”. Ese hombre inquieto (después viajó al extranjero, filmó películas en México) hizo que W.A. Smirnov, miembro de la Academia, le escribiera un informe acerca de cómo podían introducirse en la película las figuras del “trabajador colectivo” y del “capitalista colectivo”. Respuesta: bajo la forma de un comentario fílmico. Eisenstein tradujo esto para sí de la siguiente manera: al estilo de los coros del drama antiguo, las secuencias de la película debían ser interrumpidas por extensas crónicas familiares (pasando por varias generaciones), una historia de las herramientas (de una generación a otra) y una historia de la riqueza (desde la “era axial” de Egipto hasta la actualidad). Anotó “malversación de la riqueza”. Esto arrojó historias suceptibles de ser narradas en una película. Muchos de sus apuntes (también bosquejos a mano de las escenas, pues él quería rodar el film en el taller) le recuerdan a El oro del Rin de Richard Wagner. El economista de la Comisión de Control Campesino y Obrero, que intentó estimar los costos del proyecto, llegó al veredicto de que el proyecto no era realizable en el cine con una duración menor a las dieciséis horas.

3.

En los bosquejos de Kaufmann, un cuaderno en octavo, se encuentra un pasaje subrayado en rojo: en el campo documental, como en las carreras de relevos, un realizador debe traspasar el tema a otro realizador de la generación siguiente y así sucesivamente. Los cambios sociales requieren períodos de hasta seiscientos años; el interés del observador documental debe tenerlo en cuenta. Es necesario, escribe Kaufmann, documentar la evolución de la especie humana. Al fin y al cabo, en la música, continúa Kaufmann, se multiplica de generación en generación el conocimiento sobre las notas y las cualidades artísticas, ¿por qué no pasaría lo mismo en la “única ciencia auténtica, en el cine”?
120 historias del cine
Alexander Kluge
pp. 129
Ed. Caja Negra 2010

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No conforme con haber rescatado esta historia acerca de una de las adaptaciones imposibles a cine, Alexander Kluge se encontró conmovido por el esfuerzo posterior de Sergei Eisenstein para realizar esta película, quien después de haber terminado de editar Octubre en 1928, decía que sólo la versión cinematográfica de El capital era la única obra que podía seguir en su carrera “para que el obrero humilde o el campesino puedan comprenderlo en forma dialéctica”, afirmaba en una conferencia en La Sorbona. Como no encontraba el capital necesario en la URSS para producir este filme, viajó a Europa y Estados Unidos para conseguir apoyo y concretarlo, sin lograrlo. Mientras la comunidad cinematográfica rusa lo atacaba junto con otros de sus colegas (Pudovkin y Dovshenko, por ejemplo) al acusarlos de “formalistas” exagerados cuando la “nueva realidad” exigía que publicaran artículos de autocrítica y “cambiar su visión cinemática para conformar las doctrinas cada vez más específicas del realismo socialista”. Este como otros tantos proyectos quedaron truncos para el cineasta. En especial, Kluge retomó la historia en un documental de nueve horas y media de duración llamada Noticias de la Antigüedad ideológica. Marx – Eisenstein El Capital, que al salir a la venta en DVD tuvo bastante éxito en la Alemania de 2008, afectada tambien por la crisis financiera del mismo año.

Una reseña del sitio Radio 19 de abril cuenta la forma en la que Kluge tomó la estafeta que Kaufmann/Einsenstein dejaron para las siguientes generaciones:

En su versión abreviada (…), y como parte de su demente montaje de fragmentos y personajes, puede asistirse a una entrevista entre Kluge y el filósofo Hans Magnus Enzensberger. Hablan sobre la crisis del ‘29, año de nacimiento de este último. Discuten la incapacidad de Eisenstein para tratar con productores y con las instituciones en general; se interrogan sobre la posibilidad “de poetizar el Viernes Negro”, sobre los infinitos problemas de representación del capitalismo, sobre la dificultad para dar con una imagen que exprese cabalmente el significado de una abstracción conceptual como “el dinero”. A la conversación con Enzensberger, le suceden, entre otros testimonios,la apuesta más alta de la película: un cortometraje extraordinario llamado El hombre en la cosa, dirigida por Tom Tykwer. A partir de una foto aparentemente común y corriente (una mujer cualquiera pasando por una calle cualquiera), nos zambulle, de manera literal, casi en un ataque sensorial, en el terreno de lo inabarcable, la red infinita de historias y relaciones y sistemas políticos y económicos que quedan entrelazados en los numerosos elementos que aparecen, más o menos a la vista, en la foto.

Desde el origen de la tela de la que está hecha el vestido de la mujer, hasta la red de distribución de agua corriente que provee a los vecinos del edificio que se ve en el fondo. Pero es imposible describirlo: hay que verlo para creerlo, y uno diría que ahí empieza a tomar forma la experiencia de El Capital hecho cine. A quien le sorprenda como una película atípica proveniendo del director de Corre Lola corre, deberá recordar que su película más reciente, Agente internacional no es sólo un film de aventuras sino que uno de sus ejes argumentales es el comportamiento perverso que convierte a las entidades financieras en los principales agentes del terrorismo mundial. Hay mucho más, y a la película no le falta humor: Karl Marx puede convertirse en uno de los hermanos de Groucho.

Así como puede aparecer un grupo de hombres de Neanderthal leyendo perplejos al autor de El Capital, hacia cuya tumba en un cementerio londinense se dirigen las cámaras de Kluge sobre el final de la película, sólo para encontrarse con una situación llamativa: que el cuerpo de Marx se encuentra enterrado en un espacio difícil de encontrar. Un monumento enorme distrae la mirada del lugar en que se encuentra el verdadero sepulcro. Y, podría decirse, se trata de un momento de enorme poder sugestivo, por decir lo menos: el hombre real oculto debajo de su representación ideal, de su fantasma.


Kluge, creyente fundamentado de que el cine ha existido desde antes de que naciera su soporte principal que es el celuloide, ahora transformado en datos binarios digitales, y de que existirá sin importar el formato que lo soporte, se pone a demostrar que tal vez a estos proyectos imposibles importe saber cómo abordarlos y con qué recursos contarlos. Sin haber adaptado directamente El capital, el eje para hacer este documental son la vida de Eisenstein, la misma obra de Marx, Carlos Marx y toda una serie de disertaciones filosóficas que surgen alrededor de estas historias.
Confieso que aun no he visto el documental, pero haré todo lo posible por verlo.

A ustedes, ¿qué proyecto imposible de filmar se les ocurriría? ¿Cómo lo abordarían?

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