De la sección Copiar/Pegar: Ricardo Garibay, guionista


Ricardo Garibay
El despreciado oficio (y despreciable por oficio) del guionista tiene en su haber histórico cualquier cantidad de protagonistas en la oscuridad, por muy exitosos que sean. Como bien se sabe, lo que nominalmente llamamos “guionistas”, sea una sola persona o un grupo de ell@s, es en quien reside el mayor soporte de lo elemental de una película: la historia y su construcción. Es quien va a tomar una premisa y se va a azotar contra ella para demostrarla y contarla con un protagonista y acompañantes durante, al menos, un par de horas en tiempo pantalla. Es quien va a batallar con acomodar una historia con la reglita de la estructura dramática en tres actos, o subdividirla como mejor convenga, pues para eso o se sigue la ortodoxia o mejor ni la respeta, porque la historia así lo requiere, y el cine lleva más de cien años en desarrollar su lenguaje, mejorando el modo de narrar o empeorándolo, ¿por qué no?.
Los cinéfilos de corazón siempre recordamos como el gran autor de una película al que aparece en el crédito de Director, hacemos pleitesía, discutimos su estilo y bla bla blá, sobre todo cuando él mismo resulta ser el guionista único o con colaboración para la película. Pero al guionista por sí solo es difícil tomarlo en cuenta por la jerarquía “menor” que tiene ante el (entra efecto de reverberación y voz grave) Director (sale efecto de reverberación), que durante años se ha cultivado por ser en quien reside el “Cine de autor”… que existe, hasta en el cine de corte comercial, por decirlo así.
FADE IN A:
1.- INT/EXT. BLOGÓSFERA. NI DÍA, NI NOCHE.
Sentado frente a la pantalla de la computadora en un escritorio enclenque, fuma reflexivamente el RESEÑISTA,
desaliñado, desvelado, rodeado de revistas abiertas, libros subrayados y
ceniceros llenos de colillas de cigarro. Lo vemos de espalda en
silueta, y en el típico momento de tener el espacio en blanco para
escribir sin animarse.
VOZ OFF RESEÑISTA:
Si hacemos la tarea de tomar en cuenta quiénes son l@s que escriben el libreto cinematográfico y seguimos los proyectos que les han logrado filmar, entonces podríamos reconocer ciertos “tics”, manías, tendencias, modos, etc. que hay en esos autores. En caso de corresponder al fetichismo de poder conseguir una copia impresa o en la computadora del guión de una película, encontramos que no suele ser una lectura tan fluída como una novela, o como la de una obra de teatro, siempre recargada en el diálogo (por lo general), pues hay menciones típicas de las necesidades cinematográficas: Abre cámara, travelling, grúa, panning, de Medium a Close up, ¡puaj! Distrae demasiado, a menos que conozcamos el uso de todo el argot cinematográfico para decir “¡Oh, qué delicia! Qué complejo es el tecnicismo del cine, ¡oh!”, y disfrutemos de su lectura imaginando la historia suceder con todos esos apuntes raros. Pero en los entretelones de todas esas líneas escritas en presente, con la presencia de diálogos y acciones concretas, siempre existe una historia que se cuenta con todos esos elementos “raros”.
El formato de guión siempre se pensó para sufrir la vorágine de la producción fílmica, describiendo la historia en una prosa que no es propia de la novela, ni del cuento, pero que se asemeja a su estructura y narrativa, contada con otros elementos que ya le son propios. Muchos de los guionistas vienen de la formación literaria y han pasado necesariamente por una formación cinematográfica en cierto grado. Al menos, deben tener dominados ambos terrenos. De ahí, surgen cualquier cantidad de anécdotas maravillosas, brillantes o denigrantes de los guionistas y sus aventuras por crear una buena historia qué contar y, sobre todo, que les de buen dinero para comer (como decía Buñuel al empezar a trabajar en México “hacer guiones alimenticios”).
DISUELVE A:
INT. SALÓN DE CLASES. DÍA
Un MAESTRO mayor de 60 años, delgado y pipa en la boca, entra y se sienta detrás del escritorio frente a los jóvenes de su clase. Platica con ellos y se sienta a explicar, abirendo un cuaderno engargolado y visiblemente maltratado.
VOZ OFF RESEÑISTA:
Cuando estaba en las andanzas de estudiar mi materia favorita del mundo mundial, el cine, en alguna clase me encontré que citaron una secuencia de un escritor del que yo no sabía que había sido guionista. Tantos años ha de eso que no recuerdo con exactitud cómo estaba escrita la escena, pero la describía en unas cuántas líneas y toda la imagen nacía de inmediato: era un momento en que El Milusos llegaba a una taquería y, sin dinero, pedía que le regalaran un taco (interpretado por Héctor Suárez, y dirigido por Roberto G. Rivera, quien reclamaría los derechos de autor por la película sin que la SOGEM se los otorgara para perjudicar a Garibay).
De los pocos guiones que había leído en español, no había encontrado esa capacidad para hacer que la imagen brincara de unas cuántas palabras así como así. Y los diálogos más realistas, con muletillas y ritmo tán típico de sus personajes también muy precisos. Y el maestro cerró diciendo “Es el guión de ‘El Milusos’, escrito por Ricardo Garibay”. Desde ahí me volví fanático de su escritura.
Al poco tiempo, tuvimos la suerte de ver Los hermanos del Hierro y, aunque ya tenía mis películas mexicanas favoritas, esa llegó al tope de todas. Filmada a principio de los años sesenta, no se le hicieron reseñas y críticas favorables en su época, “era un chili-western más”, y mucho menos se le reconoció que era un cine muy avanzado y de gran nivel para lo que se estaba haciendo en el mundo y en la industria mexicana en esa época, por lo que pasó sin pena ni gloria. Y para lo buena que está, es increíble que le haya pasado eso… pero, por otro lado, también muy comprensible.
FADE OUT
APARECE TÍTULO
“EL CINE ES UNA MIERDA”
FADE IN A
INT. ESTUDIO. NOCHE
El RESEÑISTA abre un libro más grande que un ladrillo, pero de pasta dura y busca la página 33, donde se encuentra el prólogo “Material para el olvido, por Víctor Ugalde”. Lee rápido unas líneas y comienza a copiar el texto en la computadora, sin la autorización expresa del autor ni de la editorial. La cámara cierra sobre el libro abierto a modo de Overshoulder, para perderse entre las letras impresas.
VOZ OFF RESEÑISTA:
Ricardo Garibay primero hizo guiones para cine antes de escribir sus novelas y cuentos. Había egresado del Centro Mexicano de Escritores y ya tenía buena fama por su narrativa. Era la época de bonanza del Cine de Oro Mexicano, cuyo éxito estaba controlado por “siete señores, siete familias”, como escribe Víctor Ugalde, que “hicieron y deshicieron nuestro cine. Época donde se pensaba que para realizar una película, primero se tenía que recibir el visto bueno del zar del cine, Gregorio Wallerstein.” Y Garibay tuvo que pasar muchas situaciones desagradables por lo mismo.
Abre cita con texto del libro, citando a Cómo se gana la vida, sobre un montaje de fotos de Ricardo en los años sesenta.
VOZ OFF RICARDO GARIBAY:
Jamás pude colar nada mío. Jamás conseguí escena donde no metiera la jeta y la sucia mano de alguno de aquellos que digo. No escribí nada que no fuera puntualmente convertido en película mexicana. Son el revés del Rey Midas, hay que ver el talento que tienen para convertir en mierda lo que tocan.
El reseñista sigue escribiendo mientras la cámara gira aburrida a su alrededor para mantener con cierto interés y movimiento la serie de citas que realiza en la computadora.
VOZ OFF VÍCTOR UGALDE:
Al principio, Garibay tuvo que trabajar los guiones con productores que detentaban el cine en esa época: Películas Rodríguez, Filmadora Chapultepec, Cinematográfica Filmex y las compañías que auspiciaban como Promex de Antonio Badú, Filmadora Independiente de Rafael Baledón y Producciones Águila. A estos productores Garibay no les gustaba por su tono y la tarifa, y si aceptaron una y otra vez sus historias, fue por la fuerza dramática que contenían. (…) Una y otra vez los productores de cine le repitieron los mismos consejos para minimizar su talento y pretensiones económicas. Lo educaban mostrándole así sus limitaciones de ambición y presupuesto, ninguna película podía costar más de cien mil dólares. Si el autor proponía un choque de autobuses, el productor lo convertiría en un choque de carretas o de bicicletas, al fin que es lo mismo. Todo para robarlo y despojarlo de su legítimo trabajo. En esa época los productores se aprovechaban de que la Sección de Autores y Adaptadores del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica mantenía una política de puertas cerradas a todos los aspirantes a escritores fílmicos. Esta situación les permitía, a ellos y sus prestanombres cercanos, apropiarse de obras que no les pertenecían, registrándolas a su nombre por estar “sindicalizados”, mientras el joven escritor hacía méritos y desesperaba por entrar por su propio derecho.
VOZ OFF RICARDO GARIBAY:
En ningún otro empleo he estado más en el aire, con más inseguridad, ni con más minusvalía. En ningún otro lugar he dependido más de la dura voluntad de un zafio. La estupidez en el medio cinematográfico es profesional, omnímoda.
FADE OUT
Abre a intertítulo:
“LOS HERMANOS DEL HIERRO”

FADE IN A:
INT. BLOGÓSFERA. DÍA/NOCHE
Con un tremendo macro, la cámara sigue puntualmente cada palabra que se escribe, apoyada por la Voz del RESEÑISTA, ladrón de textos publicados para citarlos en la red de redes.
VOZ OFF RESEÑISTA:
Garibay, quien había hecho pininos como actor y que abandonó por la escritura, pensaba que el oficio de guionista cinematográfico le daría esa disciplina para realizar sus futuras novelas, afinar su prosa y lograr ser un dialoguista incólume. Pero siempre se encontraba con el obstáculo del Productor o, más adelante,  con la Censura. Eso nunca detuvo a Ricardo. En sus andanzas como actor junto con David Reynoso, Chelelo y demás, llegó a escuchar la historia de una familia de matones de Matamoros, que era prácticamente unos niños, por vengar a su padre. Después sabría también de una historia parecida de Veracruz, al menos de dos hermanos que se dedicaron a matar como oficio. Y por ejemplo, Ricardo cuenta…
VOZ OFF RICARDO GARIBAY:
Por aquel mismo tiempo un doctor Tomás Córdoba, buen médico, empedernido jugador de póker, me contó que en Veracruz había una familia de pistoleros que habían sido educados por pistoleros de oficio para vengar la muerte de su padre. Y que le habían podido meter al asesino once balazos en la frente. Cuatro niños entre doce y ocho años escondidos en una carreta que subía una calle empedrada. Dije: esto es imposible. Bueno, casualmente el hermano mayor está ahora en la cárcel. Fue muy famoso, es una familia de pistoleros veracruzanos muy famosa, muy peligrosa, no la voy a mencionar…
Antes, andando por el norte, don Napoleón me contó de una familia Del Fierro, de Matamoros. Lo cuento aquí casi con las mismas palabras, ése es mi modesto mérito, tener orejas de cronista, con las que él me lo contó: En el norte hay una raza con su camposanto ques dellos. Dije: Caramba, yo tengo que conocerlo… y me dije: Aquí puede haber una gran novela, pero antes hay que comer. Ya estaba yo trabajando en el cine, me robaban alegremente los productores, las estrellas de cine, los directores traicionaban los guiones, los convertían en películas mexicanas… Pero había que comer. Entonces hice un guión velozmente y lo titulé Los hermanos del Hierro. Se filmó el guión, yo dirigí a los actores, yo participé íntimamente y se salvó la película. No fue mala. Por estos rumbos se vio con mucho éxito. Gentes la recuerdan. Y ahora figura como una de las principales películas hechas en México.
Ismael Rodríguez se hizo cargo de la dirección y vio la oportunidad de realizar este guión como lo que era: un anti-western, pues trató de hacer “un estudio psicológico de un puñado de personajes sin recurrir al melodrama, sin concesiones, dejando al contrario de lo que es muy común en los westerns, fuera de cuadro toda la violencia. (…) Quise hacer sentir toda esa violencia sugiriéndola y mostrar los resultados después”.
Y aunque la primera parte de la historia se da oportunidad de usar flashbacks, el manejo de los tiempos se mezclaba dentro de un mismo espacio sin mayores complicaciones técnicas más que la de la puesta en escena o en cámara, como se diría. Y eso resultaba muy novedoso y bastante efectivo.
Antonio Aguilar, como Reinaldo del Hierro, y Julio Alemán, como Martín del Hierro .
También fue un viacrucis la selección de actores, pues en realidad no se tenían contemplados actores de edad tan avanzada como Antonio Aguilar y el Julio Alemán de esa época:
VOZ OFF RICARDO GARIBAY:
En el guión, fue lo de siempre. Los dos pistoleros son gentes sumamente jóvenes, 21 y 23 años, pero ahí había que cumplir un compromiso y contrataron a Tony Aguilar, el charro cantor, que ya en ese tiempo tenía 50 años, tiene 80 y sigue cantando trepado en los caballos, increíble. Y a Julio Alemán que ha sido en la historia  del cine nacional , uno de los actores más malos que hemos dado. No tenía  ni idea de lo que era un hombre del norte y menos un pistolero norteño. Yo le ponía más o menos el tono, los ademanes que ustedes tienen, nunca los entendió. Verdaderamente era una facha de maricón matando gente que no le creía nadie, fue lamentable aquello.
VOZ OFF RESEÑISTA:
Y para el colmo, me parece que en toda la carrera de Julio Alemán, su interpretación de Martín del Hierro ha sido el mejor trabajo de toda su carrera, porque el personaje realmente había desarrollado un trauma que explota en diversos momentos de la película, siempre escuchando una canción como leit-motiv justo cuando se desata su ser violento y se descontrola para matar sin piedad. Ese recurso narrativo está planteado desde el guión y cimenta las búsquedas psicologistas del chili-western a las que antes no se habían recurrido (y que, por ejemplo, Alberto Mariscal explotaría más adelante con el mismo Julio Alemán en El Tunco Maclovio y su serie de chili-westerns insólitos). Después, tanto Ricardo como Ismael Rodríguez batallaron porque se quedara una niña de 12 años para interpretar el personaje de Jacinta, pues Gregorio Wallerstein prefería que fuera Tere Velázquez quien lo hiciera. A fuerza de convencer, Patricia Conde, tímida, sin haber actuado antes, hizo sus primeras escenas y un Wallerstein escéptico vio los rushes para decirle a Ismael: “Tengo que hacerte una confesión: yo no creía en esta muchacha, pero ¡qué bien está! Lo reconozco y te felicito.”
El mismo guión fue filmado un par de veces más con resultados en pantalla muy lamentables (El sabor de la venganza, en 1969, y Los dos matones, en 1983), pues la típica idea de explotar un tema y/o conflicto para obtener arteras ganancias con películas mediocres era el modus filmandi de la industria nacional, rasurando cualquier profundidad de personaje que estorbara o…. más bien no se comprendía y, que con el dedicado esfuerzo de años, fue acuñando el concepto más amplio del Cine Mexicano: mediocre, pinche, mal resuelto, poco verosímil, deshonesto hasta consigo mismo, obtuso temáticamente y amafiado a más no poder.
Después de sufrir toda serie de atropellos en su oficio de guionista, Garibay pudo ganarse el tiempo y dinero necesarios para dedicarse a la escritura de varios proyectos de cuentos y novelas que había dejado como apuntes en el camino, entre ellos, volvió a trabajar sobre la historia original de Los hermanos del Hierro y, como indica Ugalde, “enriqueció su obra durante veintiséis años. Del Reinaldo original (interpretado por Antonio Aguilar), un poco parlanchín se pasó a uno que se consume y ahoga en el silencio.”
RICARDO GARIBAY:
(Ante una cámara solitaria en la penumbra, de su programa de TV en los años noventa)
¿que son los dos hermanos pistoleros? Uno Martín del Hierro, que es la alegría y la crueldad inocente, y otro Reinaldo del Hierro, que es la melancolía. La melancolía es la pasión más secreta que hay en el alma del hombre. (…) Mi personaje Reinaldo tenía que ser la melancolía, metida en el alma ruda y bárbara de un hombre de Reynosa. Era un grave problema. El personaje creción con su mutismo en la novela.
Antonio Aguilar y Patricia Conde, como Jacinta.
La Jacinta de la película era de una inocencia pícara, sexy, pero muy honesta, de buen corazón y derivó en “una mujer norteña que no llora, que no es soflamera ni papelera, que no se lamenta, que no pide, seria, seca como una espina. Tantos abismos de belleza tienen ciertamente, pero el hombre del centro de la república se desespera contra este muro, que no llora, que no se lamenta, que no pide, que no arma cuentos ni tangos. Jacinta es la dureza de la mujer norteña y tenía que ser también un reblandecimiento total por el amor, ¿cómo lograrlo? Meses y meses trabajé en esto…”
Y Ugalde continúa:
VOZ OFF UGALDE:
Meses que se convirtieron años pero que dieron fruto a su novela de 1983 Par de reyes.
Una de las preguntas que más le hacían a Garibay, o que él mismo se hacía, era por qué si la historia era de unos hermanos de Veracruz, él la situó en el norte. Al respecto decía:
RICARDO GARIBAY:
Porque estos pobres Fierros de Matamoros ni siquiera tenían fama y aquellos de Veracruz, sí, además el asesino veracruzano es un asesino torvo, verdaderamente salvaje, sin ningún sentido de humanidad. El hombre de la selva siempre ha sido artero, hay toda clase de troncos donde esconderse. En el norte la cosa es muy distinta. El hombre de la llanura es hombre porque no tiene dónde esconderse, no le queda más remedio que dar la cara. Ustedes habrán oído muchas veces que a la gente la enamora la manera de ser norteña, dicen: porque es muy francote y muy echado para adelante, sí… […] El hombre de la llanurasiempre ha sido bárbaro, frontal, sí, inmisericorde, porque expone tanto como da y el hombre de la selva se esconde siempre, se embosca, se emboza siempre… Escogí el norte por la barbarie y por la inocencia.
RESEÑISTA:
En ese sentido, es uno de los pocos casos nacionales, si no es que el único, en el que un guión de cine, es trabajado para ser una novela, cortando los nexos cinematográficos que podrían estorbarle, pero sin dejar de lado su constante referencia a la película misma. Podría ser una versión novelada de la película original bajo el control absoluto del autor, sin depender de productores zopilotes, sin directores que lo veían con bonhomía de “estás bien pendejo”, sin zares cinematográficos que imponían sus gustos por justificar que “así le gusta al púbico mexicano, porque más no entiende”, sin actores bajando de la limitada nube de su realidad para tratar de interpretar otra que los rebasaba. Par de reyes destaca como una de las obras relevantes en la carrera de narrador de Ricardo Garibay, y se vuelve insólito que haya permanecido en el tintero de los gustos y obsesiones de Ricardo para trascender la pantalla y volverse en una obra mejor acabada que la película que le sirvió de trampolín y ejercicio tortuoso para lograrla.
Siguió haciendo guiones durante el echeverrato, pero la censura no lo dejaba en paz, ya no digamos temáticamente, sino hasta en sus brillantes diálogos realistas, que retrataron las variaciones del uso del idioma pero que le pedian que los eliminara, pues podrían confundir al iletrado y pensar que ese es el español verdadero, cuando el cine debe enseñar “cómo se habla correctamente el idioma”.
RICARDO GARIBAY:
La piel y entraña de un escritor son las palabras, el verdadero amor son las palabras, todo por las palabras. No importa pobreza, humillación ni abyección ninguna siempre que se llegue a ser el amo de las palabras. esto es un escritor, no es el mejor de los hombres el escritor indudablemente. Pero a lo largo de la historia la gran herencia es la que dejan los escritores.
Por lo que…
RICARDO GARIBAY:
Lo literario transcurre en el pretérito y en el copretérito, lo cinematográfico está en presente. Esos tiempos verbales son la intimidad de esos géneros y la diferencia formal entre ambos, diferencia formal y acaso esencial, toda vez que la historia cinematográfica no admite otro tiempo.
estos empleos verbales no son ociosos. En la literatura pretérito y copretérito hacen veces de eternidad porque ponen el mundo a distancia como materia de contemplación.
Lo que sucede en el cine, en cambio, sucede en el momento en que está sucediendo y nada más. Literatura para los ojos, mundo que transcurriendo muere, precariedad del instante. Material para el olvido.
Sobre la imagen de Ricardo Garibay en silencio dentro de una Televisión, todo se oscurece, todo desaparece. Toca el turno al espectador de saborear lo que vivenció y, en el mejor de los casos, comenzar a olvidar.
Citas arteras:
Tomadas del libro Teatro y Cine
Obras Reunidas 9
Ricardo Garibay
Editorial Oceano.

Y del Ensayo de Víctor Ugalde “Material para el olvido”.
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