La historia de un futuro que no lo fue del todo: 1999.




1999: La historia de un futuro que no lo fue del todo.

“1999 fue el año en el que el satélite nuclear hindú se salió de control. Nadie sabía dónde podría caer (…) Sólo a Claire no le podía importar menos en el tiempo en que ella vivía su propia pesadilla. El mismo sueño llegaba cada noche: volaba libre sobre un terreno desconocido. Y el vuelo se convertía en caída, la caída en pánico y entonces ella se despertaba…”.
Aun se ve distante el año de 1999 en el conjunto que existe en Hasta el fin del mundo (Until the end of the world / Bis ans ende der welt, Wim Wenders, 1991).
Dentro del síndrome de la Ciencia Ficción que se plantea en años inmediatos con ideas de tecnología hipotética, Wenders presenta a Claire Tourneur (Solveig Dommartin) despertando de su pesadilla recurrente a la pesadilla de sus aventuras de una sola noche, drogas de diseño y fiestas en una Europa conectada como un gran país de carreteras guiadas por computadoras dy GPS. Su vagancia autodestructiva es comentada por su exnovio, el escritor Eugene Fitzpatrick (Sam Neill) quien, dentro de su soledad y estatismo, se convierte en el mentor de Claire al hacerse transportadora de un dinero robado, después apañado por un desconocido Trevor (William Hurt), al que perseguirá por todos los rincones posibles de Europa, América y Asia, para terminar en Australia con él , por completo enamorada del falso Trevor y quien resulta ser el científico Samuel Farber,  que huye en la clandestinidad de la CIA, al portar un invento de su padre para grabar a sus familiares en video en conjunto con sus impulsos cerebrales, casi le costándole la vista, pero que les permite llegar a un rincón rural y paradisíaco donde está también su madre ciega, quien será la beneficiaria y podrá volver a ver a sus familiares gracias al ingenioso aparato de Alta Definición.
Para quienes aún saboreaban los alcances narrativos/poéticos de París Texas (1984) y El Cielo sobre Berlín/Las alas del deseo (1987), salta de inmediato una proyección futurista de cómo sería la moda, la tecnología, las videollamadas, escuchar música en tarjetas y viajar guiados por un copiloto computarizado con GPS carretero. La Road Movie introspectiva por definición se vuelca hacia la persecución detectivesca y amorosa, en todo momento embellecida por la virtuosa cámara de Robby Müller, que recorre el planeta hasta estacionarse en Australia. No vemos personajes que filosofan en el camino, ni planos secuencias reflexivos. En cambio encontramos las motivaciones de los personajes para esconderse, perseguirse y extender su camino.
En el segmento correspondiente a Japón, Wenders subraya su evidente homenaje al cine de Yazuhiro Ozu, faltándole tantitito para usar la cámara-gusano típica del Meastro. Los protagonistas tienen sus vidas de algún modo fracturadas, lo que les permite vagar en un formato tipo serie B que nadie esperaba de Wenders, un cambio de estilo radical para justificar la premisa del viaje y aventura hacia otra introspección inesperada. Nos encontramos con que Samuel Farber portaba un aparato diseñado por su padre Henry Farber (Max Von Sydow) para otorgar temporalmente la vista perdida a su esposa Edith Farber (Jean Moreau). La CIA fue quien financió ese proyecto científico para propósitos militares, y chocó con el propósito más humanitario de Henry Farber. Es por eso que se refugian en un laboratorio alejado de la ciudad, resguardado por aborígenes, y en donde dan feliz regalo de imágenes de sus familiares a la madre ciega.
Cuando ella muere, la obsesión por grabar las imágenes procesadas abre una posibilidad maravillosa y terrible: si se graban imágenes para los ciegos, también puede grabar los sueños que la ceguera de la vigilia mantiene guardados, y que luego desata una obsesión entre Claire, Samuel y Henry de visionar los eventos que el inconsciente deja para contemplación privada. Entonces la introspección del Road Movie que antes liberaba, ahora es una herramienta de aislamiento total, una trampa que hunde en el reciclamiento de recuerdos soñados, una enajenación con el mar incontrolable del inconsciente grabado. La cercanía amorosa que llegaron a tener Claire y Samuel, se rompe en la contemplación individual y repetitiva de los sueños, aislándolos de la realidad misma.
Durante ese ficticio 1999, pende la amenaza de un satélite Nuclear hindú que empieza a fallar y del que dependen todas las herramientas tecnológicas que desfilan en la historia. El gobierno norteamericano decide eliminarlo y deja a todo el planeta  en un estado primigenio, nada funciona, no hay ni energía.. Es el Fin del Mundo.
Eugene, quien había vuelto a escribir una novela en su computadora, la pierde por completo. Encuentra una máquina de escribir en ese rincón perdido de Australia y vuelve a iniciar su novela aporreando las teclas como puede acerca de Claire y su viaje, la persecución y los experimentos de Samuel y Henry Farber. Los aborígenes, al saber que los científicos están grabando sueños, y en ese clima de perdición que implica el derribamiento del Satélite hindú, deciden abandonar el campamento y dejarlos a su suerte. Eugene es prácticamente el único que queda cuerdo entre ellos y su tiempo lo aprovecha para escribir sus memorias y lo que sucede tras la grabación de los sueños.
En ese sentido, Hasta el fin del mundo es más fácil de digerir por ser, tal vez, la menos existencialista o filosófica de sus películas al estilo de Alicia en las ciudades (1973), El miedo del portero ante el penalty (1971), El estado de las cosas (1982), por poner algunos ejemplos. En la primera parte, se les une Phillip Winter (Rüdiger Vogler), nombre de pila en referencia al detective Phillip Marlowe, que también es un detective especialista en buscar personas y sirve de apoyo a Claire, dando el carácter de relativo cine negro a esta sección de la película. Existe también un caza recompensas tras la pista de Trevor/Samuel Farber, y entre todos van empujando la historia hasta que la misma Claire se entera por su cuenta de la motivación de Samuel para estar vagando en el mundo: coleccionar las imágenes de sus familiares repartidos en el planeta.

La producción de la Ultimate Road Movie.

Dentro de la carrera de Wenders, ésta película ha sido la más ambiciosa en cuanto producción se refiere.
Invariablemente al puro estilo Wenders, nos vemos envueltos en una Road Movie que se convierte en un viaje planetario (la más definitiva, según él). Durante casi una década, gestó la idea a partir de una serie de discusiones con el realizador francés Bertrand Tavernier, quien en su película Deathwach (1981) ya planteaba esas ideas que gestaron Hasta el fin del mundo. Posteriormente desarrolló mejor la idea junto con Solveig Dommartin, entonces su pareja, y el guión definitivo corrió a cargo de él y Peter Carey.
Muchos de los planteamientos del guión tuvieron que cambiar durante la producción de la película. La historia iba a terminar en el Congo africano y cambiaron hacia Australia. Se filmó en 15 ciudades a lo largo de siete países de cuatro continentes y con un presupuesto de $23 millones de dólares. Pensaban filmar completamente en 70 mm., pero se tuvieron que ajustar al 35mm tradicional y el video de Alta Definición. Se tenía pensado también filmar en China, pero no lograron el permiso del Gobierno y se justificó la presencia del país con una grabación en video que hace Claire al ir pidiendo aventones para encontrar a Samuel Farber.
El financiamiento inicial provino de Road Movies GMBH y Argos Films y durante la preproducción lograron el completo soporte de Sony para presentar la toda tecnología Hastaelfinmundesca que inunda su universo: Videoteléfonos, cámaras de video, reproductores de música en tarjetas, computadoras GPS en los carros y el video de Alta Definición (HD) que se vuelve protagonista hacia el final de la historia, prototipos que venía desarrollando Sony y que en ésta producción encontraron su escaparate.
El primer corte de la película quedó en una duración de 8 horas, pero los compromisos de contrato lo obligaron a que entregara una versión que no excediera las 3 horas. Finalmente, Wenders logró una versión de 158 minutos para su exhibición en América y Europa, y es la que se conoce como la versión oficial. Pero la recepción del público y sobre todo de los críticos norteamericanos no fue la mejor, muy pocos la vieron favorablemente, en Europa se le recibió con más calidez pero nada que le ayudara a recuperar más de los $752, 856 en las taquillas de Estados Unidos. Wenders, nada contento, llamó esta versión como el corte “Reader’s Digest”… con toda razón.
Tras la exhibición en cines, salieron copias de la película en VHS y Laserdisc, y de repente en Europa rondaba una versión de casi 3 horas.
Wenders siguió con la producción de Arisha, el oso y el anillo de piedra (1992) y ¡Tan lejos, tan cerca! (1993). Nada contento con la versión Reader’s Digest que había dejado, se dedicó a hacer internegativos de los cortes anteriores y a grabar con Sam Neill lo restante de la Voz Off de Eugene Fitzpatrick para completar una versión de 280 minutos, por fin el Corte del Director. La película la dividió en tres partes, pero conserva la estructura que había planteado desde el principio. Ésta versión fue exhibida en Universidades de Estados Unidos con la presencia de Wenders y algunos Cine Clubes, y fue hasta el 2004 cuando apareció en Italia el DVD acompañado de un disco con secuencias que no se incluyeron en la edición final (outtakes), bloppers y entrevistas con él. Para 2005, en Alemania salió una edición de 3 discos en DVD que también fue supervisada por Wenders. Y para Norteamérica, Anchor Bay Entertainment estuvo a punto de distribuir el Corte del Director, pero perdió el interés y nadie más se ha preocupado por la película en EU hasta el momento. Hasta ahora sólo se puede conseguir el DVD por medio de Amazon, quien lo manda traer directamente de la tienda Amazon de Alemania y codificada exclusivamente para la Región 2, en formato de video PAL.







El fenómeno de principios de los noventas, el fenómeno del Soundtrack.


En el terreno de la música internacional, apenas entramos a los noventas y se estaba dando mucha expectativa de cómo sería la música que definiera esa década. Y fuera de que varios grupos que emergieron en los ochentas continuaron su carrera, U2 sacó su álbum Achtung Baby! en 1991 y planteó su propuesta de lo que sería su música y el sonido de los noventas. Otra es la historia de lo que sucedió con la música de los noventas, cuando en realidad fue el movimiento Grunge quien lo definió en gran parte para gusto y disgusto de otros. Por su parte, Wenders, quien siempre ha reconocido que el Rock lo ha definido como persona en el terreno musical y hasta en el cinematográfico en su carrera, invitó a U2 a participar en la creación del soundtrack de Hasta el fin del Mundo. Junto con ellos, invitaron a otros artistas a colaborar con la premisa de proyectar o imaginarse cómo sonaría cada uno de ellos hacia el año 1999-2000. Depeche Mode, Nick Cave and the Bad Seeds, Crime & the City Solution, Laurie Anderson, Patti Smith, Lou Reed, R.E.M., Talking Heads, Daniel Lanois, Elvis Costello, T-Bone Burnett, entre otros, conformaron ese soundtrack que tuvo más exito que la misma película. Es probable que muchos quienes escucharon el álbum fueron arrastrados a ver el filme gracias a la iniciativa inicial de Wenders. Él ya había logrado un soundtrack muy sabroso para El cielo sobre Berlín / Las alas del deseo y esa grata experiencia de colaboración y presencia de algunos de los grupos fue un terreno explorado que le permitió lograr uno de los mejores soundtracks de todos los tiempos. Los temas marcan momentos específicos de la historia, crean ambientes y ayudan a su desarrollo en el mejor de los casos. Para Tan lejos, tan cerca! repetiría la fórmula con éxito, pero tal vez sin superar la marca que el soundtrack de Hasta el fin del mundo logró.







Aunque los Soundtracks de los temas musicales de las películas tenían tiempo de estarse vendiendo con relativo éxito, se reconoce que Hasta el fin del mundo puso  hincapié en la calidad y sentido fílmico más que otros. No sólo era procurar el fetichismo de tener el Original Score de la película adorada, sino incluir temas más orgánicos a la historia del filme. Aunque el compositor neozelandés Graeme Revell estuvo a cargo de la música temática de la película, cada tema iba aportando “otra cosa” a las instancias narrativas de la misma. El tema de “Sax and Violins” de los Talking Heads es el primero en aparecer en cuanto Claire Tourneur despierta de su pesadilla al sentirse caer de su vuelo sobre un desierto:

“Falling, falling
Gonna drop like a stone.
I’m falling through the atmosphere
on a warm afternoon.
If lovers discover
that everyone dies
So don’t tell me, please hold me
it’s a dangerous life”.
Más adelante, el tema de “The adversary” de Crime & The City Solution ambienta perfectamente el ansia de la búsqueda persecutoria de Claire hacia Samuel Farber, que no termina de huir de ella y de la CIA.

Mientras el resto de los temas van contando, complementando la historia, el tema principal es el de U2, homónimo del título de la película. A diferencia de los otros temas, la letra de Bono no fue escrita pensando en la película, más bien se remite a una conversación final entre Jesús y Judas Iscariote durante la Última Cena. Cuando Wenders invitó al grupo a participar en la creación de un tema para la película, entonces retomaron el tema y se dedicaron a producirla, con las colaboraciones de Daniel Lanois, Brian Eno y Flood como ingeniero, quienes ayudaron a darle los detalles finales al tema. Bono quedó de acuerdo con Wenders en dejar el tema para la película, pero también le avisó que la incluiría en el álbum Achtung Baby!. Bono adoptó entonces el nombre de la película para dejárselo a la canción y así nació el tema principal del filme. La letra remite por mucho a la historia de la película y poco tendría que ver con la idea de Bono que la originó, la de Jesús y Judas Iscariote, más bien parece ser una conversación narrada por Eugene Fitzpatrick y su amada Claire Tourneur, que define esa personalidad autodestructiva de ella:
“We ate the food
We drank the wine
Everybody having a good time
Except you
You were talking about the end of the world”.
El tema, fuera del soundtrack mismo, ha gozado de gran éxito en los conciertos de U2, a pesar de que nunca salió como sencillo oficial del álbum, pero las críticas apuntan que musicalmente representa una canción perfecta por composición e interpretación y que sus fanáticos también adoran.
En adelante, hay otras tantas historias sobre soundtracks. En particular, la colaboración entre Wenders y Bono los llevó a producir The Million Dollar Hotel (2000), historia escrita originalmente por Bono y dirigida por Wenders. En lo particular, se disfruta mucho el álbum de Hasta el fin del mundo, al recordar segmentos de la película, permitiéndose extender, detallar o contar de otra forma la historia de la persecución, del amor, de los sueños, los peligros de la enajenación con el inconsciente y esos terrenos que la Ciencia Ficción toca de manera poco optimista acerca del progreso equívoco de la humanidad.
Como cierre del ciclo sobre Wim Wenders que la Sociedad de Cine de Tlatelolco organizó con el apoyo del Instituto Goethe, el jueves 29 y sábado 31 de julio de 2010, se exhibirá en su versión completa de 280 mins. Hasta el fin del mundo, a las 5 p.m. en el CCU Tlatelolco.
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